viernes, 6 de marzo de 2009

Hacia un crecimiento autosostenido

La Revolución Industrial es el origen del crecimiento económico moderno. Generó un fuerte incremento de la producción de bienes gracias a la invención de nuevas máquinas, el uso de energías nuevas, y nuevos materiales.

El resultado de la aplicación de estas innovaciones es el aumento de la productividad, base de un crecimiento autosostenido.

La transformación fue rápida (1760-1830) y localizada en Gran Bretaña debido a las ventajas de las que disponía (relieve, es una isla, tiene muchos ríos navegables, etc.) y a que se dieron los siguientes condicionantes (económicos, políticos y sociales):

  1. Mejoras en la producción agraria e industrial: transformación agraria.
  2. Tradición manufacturera: fue posible inventar las primeras máquinas que imitaban las acciones humanas mecanizándolas.
  3. Existencia de un mercado previo, ampliable: comercio.
  4. El estado que en Gran Bretaña era diferente y más moderno.
Todo esto favoreció la aparición de inventos (la innovación tecnológica es el núcleo de la Revolución Industrial)que evolucionaron a partir de 1830:

-Minería del carbón
-Aparición de un transformador de energía: máquina de vapor de James Watt
-Innovaciones en la industria textil algodonera
-Transportes.

El cambio en el uso de la energía es cualitativo y cuantitativo a al vez:

Las luces proceden de electricidad, uno de los símbolos de la industrialización.

  • Todo esto nos lleva a ver cómo, sin embargo, en tiempos posteriores, siguen coexistiendo mecanización y trabajo artesano; el sector tradicional crece gracias al sector modernizado. Aún actualmente vemos como el flujo de personas hace crecer sectores como el de la construcción y como los conocimientos se transmiten y transportan a otros países en manos de los empresarios. Se ha roto prácticamente con el techo maltusiano pero, a pesar de todo, aparecen siempre los mismos inconvenientes: inestabilidad, desigualdad, incertidumbre y pobreza.

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